27 feb. 2011

Novelas futboleras y putrefacción mediática.


No veía la hora que se cierre la semana en la que la noticia del “caso Riquelme” ganó todas las tapas todas, por encima de los casos que involucran a la mafia de los sindicatos en este país, por encima del casos del narco avión –creo que nos deben una explicación-, por encima de la mafia de los medicamentos, por encima de la mafia de los trenes, por encima de todas la mafias, por encima de la inseguridad, es decir, por encima de todo. Lo más visto, leído y escuchado fue lo que tan solo es el diario íntimo de los últimos días de la vida futbolística de un notable jugador aunque con una vida deportiva signada por los hechos de indisciplina y ese autismo mediático del que solo sale para decir “soy felí”, o “el técnico esto” o “ el técnico aquello”,esto, solo cuando se propone volver a ser el ombligo del mundo.

Riquelme me tiene podrido, él como personaje, no el futbolista que me deja con la boca así de abierta toda vez que entra a una cancha, pudre su personaje de niño golpeado por el poder –poder que él también manipula- que no lo deja vivir en paz, el tema cansa, demasiado, creo no estar solo en esto, creo que somos varios que pensamos igual .

El otro personaje de cuarta es Falcioni, el mismo que se escapó de Banfield por una ventana que quedó abierta rompiendo un contrato que el mismo rubricó, es decir, el rey de la disciplina en Boca se fue de Banfield y le llenó la cabeza al jugador estrella del club para que huya con él por un botín mayor, es un cuatro de copas al que solo lo recuerdo como jugador al haberlo visto revolcado ante una notable definición de Juan Gilberto Funes perdiendo una copa que festejó River, un perdedor, y esto no se trata de dividir al fútbol entre ganadores y perdedores –no lo pienso así-, solo es demostrar de lo que es capaz el técnico de Banfield devenido en el de Boca, un chabón que andaba mendigando notas en el “B12” y que ahora las despilfarra, el de la cara de personaje del tren fantasma dijo al entrar a una conferencia de prensa “tienen siete minutos por qué tengo que ir a comer un asado” –chan- y está todo dicho, cuando el gran traje se termine de caer podrá comerse todas las parrilladas del mundo, ahora debiera entregar algo de respeto –eso es lo que creo al menos-.

A veces no se qué pensar de algunos periodistas, porque allí está la otra pata de la mesa, me cuesta creer que estén tan pendiente de estos temas, que no es más que puterío barato, este chicoooo… “aguilera”, de TyC, un cronista solo preparado para decir cuatro palabras PERO tres de ellas son “Juan Román Riquelme”, por favor, es esa la información que consumimos, no nos dan otra cosa, no hay más, es eso o Palacios, Diaz, Pagani o Fantino, ni pasados por las multiprocesadora los tragas, pero no hay más.

Los dirigentes de Boca también anduvieron a las trompadas, es decir, no hay ejemplo que valga, está todo podrido y pudre la pantalla, como nunca antes.

Amigos esta catarsis habla del cansancio de tener que soportar esto, ¿donde están los que saben de fútbol?, ¿los hay?, ¿solo se trata de amigos de jugadores y pibes ciertamente carismáticos?, ¿solo se trata de individuos con apellidos de alguna colectividad que demandan seudónimos?, ¿solo se trata de personajes que ponen cara de dolor para decir “JRR no irá ni al banco de suplentes”?, todas las preguntas coinciden más o menos en la misma respuesta, ES LO QUE HAY, SON OTROS TIEMPOS, Y… NO HEMOS VISTO LO PEOR.

Para el final, DESEOS PARA CURARNOS EN SALUD, que Riquelme juegue sea feliz y gane más dinero del que ganó llevando adelante esta novela, que Falcioni pueda comer su asado y no logre su cometido de destruir el fútbol –al menos ese es su objetivo desde lo que muestra su idea de entrenador de equipo chico con saco grande-, y respecto del periodismo, aguante “MAURO VIALE Y MACAYA”.


15 feb. 2011

Juarez y diez más.


Atletico le ganó a Defensa y Justicia por dos a cero y gracias a otros resultados se trepó a la cima en la “B” Nacional.

Vi un Atlético carente de brillo, sin esas rutilantes ráfagas de otros tiempos, sin esa inminente llegada al gol a cada paso, le cuesta hacer poner de pie al plateísta, le cuesta hacer cantar a los del tablón, aunque ese equipo que no brilla es todo lo necesariamente práctico que debe ser para insertarse en el lote de equipos que irán por todo en la “B” Nacional, lo noté inteligente y siempre jerarquizado por Juárez, sobre todo muy bien piloteado por Iván, por tierra firme, con la cabeza levantada y la tranquilidad que brinda el saber que llevará al equipo a destino seguro siempre, lo encontré astuto por Fede González, seleccionador de los momentos en los que va a golpear como lo hace aquel boxeador que mide y estudia a su rival en la búsqueda de ese golpe certero que instale al contrincante en la lona, lo hallé adulto por Bovaglio y protagonista por Carniello, lo noté vehemente por las escaladas de Sacks, vi un equipo que inspira respeto por Sara y Carignano, y aún con varias piezas por ajustar -por lo poco conexo de Castro- marcha , si, marcha con un rumbo claro y un nivel sostenido.

El entrenador, Trullet, jamás arría su bandera de la porfía, jamás, por ello introdujo a un Castro al sesenta por ciento en un equipo que lo necesita no me menos que a un noventa, solo por ello el equipo no fue todo lo vertical que intentó ser, claro, está muy claro que mientras Juárez esté en el terreno Atletico juega con un talentoso entre los once, fue el único que entendió que Leiva generaba un campo magnético al que no debía acercarse nadie jamás, porque toda intensión de juego albiceleste moría en él, fue el único que entendió que jugando lejos del 5 y trabajando sobre la derecha del ataque celeste y la izquierda de la defensa del “halcón” Atlético entraría sin pagar peaje alguno, como por la boca del subte, y fue así que la crema abrió el partido, genialidad de Iván en un pase de precisión quirúrgica sobre la esquina de Victor Manuel y Dentasano, y Gonzalez cruzó su tiro que le permitió ir a festejar el primero de la noche.

Serrano no fue el de siempre,...
el pibe de los pagos del “cabezón” Sivori estuvo algo cargado muscularmente – quizás un gemelo que aún guarda carga de la pretemporada- y eso no le permitió tomar el toro por las astas como le gusta hacerlo a él, pero poco importó, Atlético controló todo siempre, siempre, porque Carniello redujo a nada las intensiones del insistente Piriz Alves y porque a Lucas le sobra solvencia para sobrevolar el fondo cremoso para que nada ocurra, tampoco fue la noche de un Carignano al que le sobra crédito para partidos con sequía, y a Lagrutta hubo que esperarlo hasta el segundo tiempo para que pueda meter un centro “como la gente”, fue otra jugada que leyó en la neblina Iván Mauricio Juárez, el de San Francisco apareció de frente al arco de “Urquiza” en la posición de nexo entre volantes y atacantes para encontrar esa fisura en la última línea del equipo del “Pancho” Mártinez y habilitar a Luis Lagrutta para ese centro que el pibe no encontraba en la noche y que fue teledirigido a la cabeza de Nico Castro que gritó su gol, doble mérito para el flaco, el convertir y el ir a buscar como número nueve.

Lo ganó bien, porque al rival no le faltaron nombres, Leiva, Piriz, Cafú Espínola y hasta un Fernández que entró desde el banco de suplentes y le otorgó una pizca de claridad a un equipo que debe trabajar muchísimo en ofensiva si en realidad pretende soñar. No le sobró nada, pero le alcanzó bien, le alcanzó para ganarle a un duro rival en un duro partido, le alcanzó para treparse a la punta –con el diario del lunes en la mano-, le alcanzó para seguir rodando en un torneo de caminos sinuosos, le alcanzó para comprobar que Aguirre debe estar más tiempo dentro de la cancha que fuera de ella -¿titular?-, alcanzó para comprobar que González, quizás la mejor figura cremosa, se brinda de una forma estremecedora haciendo que su apellido sea fácilmente sustentable entre los once si a todo ello le adiciona el gol, y le alcanzó sobre todo para sobreponerse a esas porfías que llegan desde el banco y que a veces –como frente a Defensa con Castro como titular- son totalmente inconducentes .

2 feb. 2011

¿Conoces a Ruben Armando?


Por Edgardo Peretti

¿Cómo es eso de conocer a una persona? Conozco su rostro, su imagen, su voz y hasta sus expresiones, pero el muestrario dista de ser una definición cercana a la realidad. Hay quienes aseguran que ese pretendido conocimiento es un aprendizaje eterno, que no conoce final. Pero la vida tiene fin; como tiene principio, un día se acaba y ya se pasa a ser lo que uno fue y no lo que tuvo.

Rubén Armando es un periodista a quien me presentaron cuando me iniciaba en esto, allá a finales de los setenta. El ya era un tipo con experiencia y luego compartimos muchas y largas horas en una redacción; hablando, discutiendo, peleando y hasta a los gritos, pero siempre por esa pasión que a los ilusos nos genera el laburo.

Siempre hubo respeto y no dejo de citar una pelea en Ceres, en un verano de 1986 cuando recibí una lección de conocimiento del boxeo y su reglamento. Peleaba “Martillo” y la interminable travesía del micro de la Etar permitia diálogo, y aprendizaje.
Volvamos al periodista. Rubén es un tipo riguroso, disciplinado y excesivamente responsable, de sus escritos y sus palabras. Hace muchos años que transita el siempre escabroso mundo del rubro policial, lo cual no le ha dejado de generar problemas, pero se las aguanta.

Sostiene que lo suyo es sincero y puede ser falible. Y habrá que darle la razón.
El método para incursionar en el pensamiento de una persona suele ser cruel, tránsito indispensable para advertir virtudes y defectos, pero ello no implica ser malvado, sólo poner las cosas en la balanza.

Tengo un aprecio personal por Rubén. Alguien dirá que por ello escribo sobre él. Puede ser. No es un tipo famoso, y quizás no lo sea nunca, pero me quiero dar el gusto de decirle las cosas antes que lo suyo sea parte de un obituario. De cualquiera de los dos, se advierte.
El amigo tiene otras particularidades. Gusta del boxeo, lo ama, lo sufre, lo siente; es un admirador nato del deporte de las almas gigantes y ha pasado por las etapas de técnico, manager, directivo, árbitro y periodista. Y de esto sabe mucho, no solamente por lo que ha vivido y aprendido en su tránsito por el aroma siempre penetrante por el olor a chivo de los gimnasios, sino por sensaciones profundas y cercanas.
Sin embargo en los últimos años lo he advertido alejado del tema, como dejando que la campana del final se lo lleve puesto, como mirando el rincón buscando una toalla que jamás volará porque del otro lado el segundo piensa lo mismo. Se cae de pie.

Se lo mencioné en un par de ocasiones, e incluso lo quise acercar a los entes rectores, pero lo vi sin ganas. Y respeté su derecho.
Pero la vida tiene tantos caminos. Hace un tiempo me dijeron que Kelo Rosales y Mario Demarco (dos tipos que saben mucho de esto) estaban entrenando a una boxeadora con mucho potencial y futuro.

Debo aclarar que no miro el boxeo femenino y que tengo mis reservas al respecto, pero el mundo no se va a detener por mi; ello no me impidió preguntar por la deportista.
Menuda sorpresa me llevé, era Melisa Armando la nieta de Rubén, hija de Nani.
¿Casualidades? Puede ser. Quizás estemos en presencia de una futura campeona, en el ring o en la vida, y le deseo lo mejor, pero cuánta tentación de caer en el lugar común y decir que la semilla ha quedado cerca!!!
Amigo Rubén, creo estar aprendiendo a conocerlo. Le ruego que no se enoje por estas líneas, alguna vez alguien tenía que reconocer sus virtudes. Gracias por permitírmelo.