2 feb. 2011

¿Conoces a Ruben Armando?


Por Edgardo Peretti

¿Cómo es eso de conocer a una persona? Conozco su rostro, su imagen, su voz y hasta sus expresiones, pero el muestrario dista de ser una definición cercana a la realidad. Hay quienes aseguran que ese pretendido conocimiento es un aprendizaje eterno, que no conoce final. Pero la vida tiene fin; como tiene principio, un día se acaba y ya se pasa a ser lo que uno fue y no lo que tuvo.

Rubén Armando es un periodista a quien me presentaron cuando me iniciaba en esto, allá a finales de los setenta. El ya era un tipo con experiencia y luego compartimos muchas y largas horas en una redacción; hablando, discutiendo, peleando y hasta a los gritos, pero siempre por esa pasión que a los ilusos nos genera el laburo.

Siempre hubo respeto y no dejo de citar una pelea en Ceres, en un verano de 1986 cuando recibí una lección de conocimiento del boxeo y su reglamento. Peleaba “Martillo” y la interminable travesía del micro de la Etar permitia diálogo, y aprendizaje.
Volvamos al periodista. Rubén es un tipo riguroso, disciplinado y excesivamente responsable, de sus escritos y sus palabras. Hace muchos años que transita el siempre escabroso mundo del rubro policial, lo cual no le ha dejado de generar problemas, pero se las aguanta.

Sostiene que lo suyo es sincero y puede ser falible. Y habrá que darle la razón.
El método para incursionar en el pensamiento de una persona suele ser cruel, tránsito indispensable para advertir virtudes y defectos, pero ello no implica ser malvado, sólo poner las cosas en la balanza.

Tengo un aprecio personal por Rubén. Alguien dirá que por ello escribo sobre él. Puede ser. No es un tipo famoso, y quizás no lo sea nunca, pero me quiero dar el gusto de decirle las cosas antes que lo suyo sea parte de un obituario. De cualquiera de los dos, se advierte.
El amigo tiene otras particularidades. Gusta del boxeo, lo ama, lo sufre, lo siente; es un admirador nato del deporte de las almas gigantes y ha pasado por las etapas de técnico, manager, directivo, árbitro y periodista. Y de esto sabe mucho, no solamente por lo que ha vivido y aprendido en su tránsito por el aroma siempre penetrante por el olor a chivo de los gimnasios, sino por sensaciones profundas y cercanas.
Sin embargo en los últimos años lo he advertido alejado del tema, como dejando que la campana del final se lo lleve puesto, como mirando el rincón buscando una toalla que jamás volará porque del otro lado el segundo piensa lo mismo. Se cae de pie.

Se lo mencioné en un par de ocasiones, e incluso lo quise acercar a los entes rectores, pero lo vi sin ganas. Y respeté su derecho.
Pero la vida tiene tantos caminos. Hace un tiempo me dijeron que Kelo Rosales y Mario Demarco (dos tipos que saben mucho de esto) estaban entrenando a una boxeadora con mucho potencial y futuro.

Debo aclarar que no miro el boxeo femenino y que tengo mis reservas al respecto, pero el mundo no se va a detener por mi; ello no me impidió preguntar por la deportista.
Menuda sorpresa me llevé, era Melisa Armando la nieta de Rubén, hija de Nani.
¿Casualidades? Puede ser. Quizás estemos en presencia de una futura campeona, en el ring o en la vida, y le deseo lo mejor, pero cuánta tentación de caer en el lugar común y decir que la semilla ha quedado cerca!!!
Amigo Rubén, creo estar aprendiendo a conocerlo. Le ruego que no se enoje por estas líneas, alguna vez alguien tenía que reconocer sus virtudes. Gracias por permitírmelo.



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