23 dic. 2010

Navidad con Caruso


Por Edgardo Peretti
- Por acá, en Buenos Aires, donde trabajo, el sol fríe las chicharras – como decía Yamandú Rodríguez- y a la noche los bichos salen a tomar aire. Y por estos pagos, los bichos son muchos, de toda laya y color y de toda especialidad.

Y además, es final de diciembre, y final del año. Todos corren y todos quieren comprarse algo. No importa el monto a gastar o al concepto que se le otorgue a la Navidad. Es igual para todos.

En ese escenario mágico donde se perciben algunas señales que cambiarían el mundo. ¿Sabe que el sábado pasado se hizo la denominada “noche de las librerías” en la avenida Corrientes y hubo record de ventas? Si, acá se lee y se invierte en lectura, entre otros menesteres.

También está el fútbol. Escenario y fauna especial si las hay que siempre otorga algún material a la vida de esta metrópoli donde habitan – por censo- menos de tres millones de habitantes y donde todos los días aparecen otros diez millones de famélicos que laburan, disfrutan gozan y mueren en cuotas, dicho esto en el orden que quiera. Está el firmante, o el que suscribe en calidad de invitado, tomando un copetín en un bar del barrio de Monserrat cuando apareció la figura conocida y archi-mediática de Ricardo Caruso Lombardi. Pelo nuevo, barba negra y biava – me parece- en ambos espectros. Simple, sencillo, alejado del personaje, el tipo de pone de hablar de fútbol con el mozo y los parroquianos. En medio de la charla aparece el incidente con el jugador colombiano que lo acusaba de pedirle guita para hacerlo jugar, una situación que nunca se probará pero que, indefectiblemente, ensuciará al DT.

Sin embargo, advierto que el hincha anónimo –y me incluyo- no es cruel ni siquiera insidioso, y le aporta el apoyo a Caruso.

-Creo en vos, no aflojés –repiten todos y cada uno.
En la visión del hombre común, el técnico ha sido injuriado y mancillado por un ignoto jugador que no tuvo empacho en admitir que había dicho eso sin más pruebas que las palabras de su representante (las lacras de los que laburan y principales responsables del 99 por ciento de los desaguisados que protagonizan sus representados), quien jamás aportó por un estrado judicial para completar la queja. Pero de eso no hay que preocuparse, jamás lo hará.

Mientras tanto el amigo Caruso hace roncha en un boliche de la noche de los martes en plena capital y se saca fotos con los cholulos como uno que se siente casi como un protagonista con tapa en el “El Gráfico” por tanta honra.

Menos más que el cuero sigue siendo redondo – y no esférico como pretenden los matemáticos que nada saben de fútbol- y rueda y rueda en cada instante, en cada rincón, en cada Caruso y hasta en cada sospecha que lo sobrevuele.

Menos mal. ¿Y Caruso? Je. Un vendedor de humo de primera, pero simpático. Y no te cuento en las horas previas a la Navidad del fútbol donde cada pibe sueña con el celu, la compu, el jueguito y algo nuevo...bueno, eso, algunos: otros, quieren la pelota esa que brilla en el arbolito en la noche más linda y se graba a fuego en el corazón de la vida para no irse jamás, como el mejor de los recuerdos.

En esta noche pasa de todo y algunos pibes también comerán. No es poco. La puta, me estoy poniendo cada día más rebelde.

Un beso para todos.

Que la luz de la Navidad se lleve las penas.


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