10 feb. 2012

Curly, guardale un lugar...


Por Edgardo Peretti


Jerome Lester Jerry Horwitz nació en el barrio neoyorquino de Brooklyn el 22 de octubre de 1903 y murió en un hospicio de San Gabriel, California, el 18 de enero de 1952. Antes estuvo siete años postrado a causo de un ACV. Antes había filmado 97 películas junto a su hermano Moe y su amigo Larry. Antes había sido alto, delgado y con una gran melena rubia que lo hacía atractivo para las mujeres. Antes tuvo que engordar y raparse el cabello para dar un personaje que lo hizo famoso. Antes, mucho antes había sido Curly (“Ricitos”, o “Rulo”, para nosotros).

Su ser interior jamás aceptó su obesidad y la belleza que consideraba perdida, por eso se dedicó a las mujeres, la droga y el alcohol y así quedó: culo para arriba, en silla de ruedas y olvidado por sus pares, ya que el circo debía continuar. Su vida tuvo muchos más horrores que la invalidez: la primera cuando tuvo que firmar la renuncia a sus derechos, aún en el hospital, para que el trío – con su otro hermano Shemp como reemplazante- pudiese continuar. El otro, más duro, cuando para darle una migaja lo sentaron en un asiento de tren para un capítulo del trío. Aún no se se cuál de las dos cosas fueron más tristes.

Roberto Gómez Bolaños nació el 21 de febrero de 1929 en el DF de México. Se hizo actor en las tablas del ambiente alejado de las luces y fue famoso con su personaje más conocido y querido: el “Chavo del 8”.
“Chespirito” – tal su nombre artístico- recaló con el pibe de su creación en un canal de tercera línea (el 8), con cero dinero, cero presupuesto y con la toal negativo de cualquier otro actor a tomar el rol. Lo hizo él y el fue bien, tanto que a casi cuarenta años es un preferido de decenas de generaciones
y en Argentina sus capítulos (176 en total) del chico terrible de la vecindad, aún son objeto de culto y consumo.

Lo curioso de todo esto es que su troupe terminó peleada y alejada del programa que los llevó al éxito. Salvo doña Florinda (Meza), su esposa, el resto se murió enojado (don Ramón o la bruja del 71) y se alejó a usufructuar la nombradía sin pudor (Chilindrina, Quico o Girafales), mientras que tan sólo el gordo Barriga le sigue siendo fiel.

Carlos Salim Balaá nació el 13 de agosto de 1925 y es Carlitos. Un ídolo de millones de argentinos que sigue insistiendo en que no hay que fumar, ni decir malas palabras, ni herir a la gente, sino quererla. Quijote en medio de un mundo raro, el actor del flequillo (que conserva propio aún a los 86 pirulos), tiene homenajes a diario, incluso de una línea de colectivos que tiene su dibujo y su agradecimiento a la vista.

¿Qué tienen de común estos tres tipos? Bueno, es difícil acertar una respuesta clara. A muchos no les gusta la violencia de uno, la acidez del otro o la ingenuidad del restante. ¿Quién sabe? Cada cual hace lo que le gusta. A mi, me enloquecen los tres; me generan una sensación de lucha ante la injusticia y un cúmulo de buenas intenciones que le ganan a todo lo otro. Son gustos. Igual, tengo una respuesta a la pregunta inicial: ¿qué tienen?
Simple, son inmortales.

Nota: Curly: guardale un lugar en el cielo al Chavo y a Carlitos, aún hay mucha gente que ncesita una sonrisa. Gracias.