29 feb. 2012

Los jugadores de campito marcan la diferencia.

Messi marca una diferencia inexistente en el trámite del cruce de su Barza con el Atlético desde un tiro libre ejecutado sin aguardar los tiempos del protocolo mientras todo el mundo desatendía el detalle de la falta de indicación de “barrera” del colegiado. A Atlético de Rafaela también lo dejaron expuesto por una pelota perdida en el final ante All Boys desde una enorme distracción. Ben Hur gana en Concordia por un gol sobre el silbato del final por rescatar un rebote en el área rival  y “9” de Julio pierde un partido moralmente ganado ante Colegiales en el Argentino B por un gol de campito sin que este último término aparezca como peyorativo, y por el contrario lo que intenta graficar es la picardía de quién por estar despierto, con los ojos bien abiertos, saca ventajas en un deportes que las ha acotado al mínimo posible.

Por un instante Perez García de All Boys, Antonio Todoro de Colegiales y Gustavo Matier de Ben Hur fueron Messi, ellos leyeron más allá de un libreto de entrenador obstinado. Messi es Messi y nada venido de él nos debiera sorprender, aún cuando muestra que no nació de una probeta, aún cuando muestra esa capacidad de introducir en un futbol ultra analizado una jugada fuera de todo cálculo, como lo es ese adelantamiento para una increíble ejecución de tiro libre con el árbitro sin ordenar barrera y todos acomodándose tan solo para salir más tarde en la foto del gol distinto de Lío.

Antonio Todoro es un mediocampista de torneo doméstico, sin brillo, no profesional –en su dedicación- y con una carrera que no sabe de logros trascendentales, es solo un gran jugador de partidos chivos, un enorme jugador de partidos donde su equipo pinta ser menos que su rival, y en eso de buscar no perder en Rafaela ante el “9” el bueno de Todoro se aprovechó de un equipo posicionado en el ataque en cuerpo y alma, porque no solo se había  instalado en campo contrario para desplegar su juego el local , sino que además había puesto su cabeza y su atención allí, en el ataque y no en defender, entonces Todoro fue a un roce con un rival y se tiró, le pitaron infracción y sin indicación del juez Maximiliano López mediante –aunque muchos pensaron lo contrario- sacó un centro preciso a la cabeza de Benítez para pasar a ganar un partido perdido por paliza ante el “9” desde lo moral, solo desde lo moral, y ese 0 – 0 pasó a ser victoria de Colegiales, por Todoro, su picardía y concentración, su viveza y precisión, por ese campito que un tipo más allá de los treinta lleva grabado a fuego en la piel.

Perez García entró para tener el balón en un 0 -0 de partido en la lucha por no descender, pero el diminuto zurdo descifró el enigma que habla de jugar hasta el pitazo del final, algo de lo cual Atletico parece no haberse percatado jamás, jugó con la ansiedad de Bovaglio para apurar un lateral que lo tuvo luego del saque como receptor de una devolución de Castro y quiso enganchar  hacia adentro o vaya uno a saber qué, y Perez Garcia lo desplazó a través una infracción como hubo muchos en el trámite de un partido caliente y fue a buscar a un arquero también fuera de partido, achicando de manera tal de descubrir peligrosamente el primer palo, justamente el elegido por Perez García para estampar el gol de los tres puntos más festejados que me ha tocado ver en mucho tiempo. Era empate, menos para el chiquito Perez García quién sabe que esto es para vivos, que la infracción sobre Bovaglio podría ser pitada por Vigliano, de lo contrario, tal ocurrió, iría por el grito sagrado y a llorar a la gruta.

Matier hizo lo suyo en Ben Hur – Las Heras, también no dio nada por perdido y cuando no quedaba mucho en una cancha donde ganan pocos capturó un rebote en medios de muchas piernas y definió cruzado lejos del arquero. Por Matier que va hasta la última como en la semana anterior ante Colegiales, por el  espíritu de lucha de un equipo recuperado y por la viveza de ir a buscar un rebote por bajo aún sabiendo que su fuerte es el juego aéreo.

Parece que la cosa no cambia, que la irrupción de los videos y pizarras en las charlas técnicas no saben aún de fórmulas anti pícaros, no existe aún el antídoto, y eso es bueno. Los entrenadores obsesionados directamente por  defender e indirectamente con destruir al fútbol no pueden contra estas cuestiones propias de los vivos, los despiertos, los jugadores como nadie de este, el juego del error,  y esa es una buena noticia para hinchas y espectadores, el fútbol mecanizado y de laboratorio avanza, aunque con no pocos escollos, los vivos del fútbol ofrecen resistencia y entonces aún podremos seguir soñando con algún gol con la mano o en posición adelantada no advertida, algún empujón dudoso o ese charlatán que saca al rival, nada dentro del reglamento pero todo relacionado con las cuestiones que hicieron que este juego sea el que es por entretenido, imprevisible y cargado de pasión y emociones, no aquel en el que lo quieren transformar, un juego chato de mucho 0 – 0 con jugadores que no son más que fichas en una pizarra  de un vende humo que nunca ganó nada e intenta obstaculizar a su rival antes que generar recursos que lo acerquen al gol, y al fútbol que tanto queremos.

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