12 oct. 2008

Colgó el esmokin


Me senté como pocas veces a mirar un partido de la selección, no era un partido más, por un pequeño espacio que se encuentra libre en el fondo de mi casa puedo ver que el vecino de “atrás” también esta alistándose para mirar el clásico, ese mítico clásico del Río de la Plata, alguien repasa una estadística , hace cinco partidos que no gana, y en River desde 2007 por lo que las urgencias se suman a los nubarrones que se observan a través de la tele.

Los equipos ya están en la cancha, las caras están, Messi, Teves, Agüero, Riquelme y su dura semana en Boca sobre sus espaldas, está Mascherano y hasta Heinze a través de una suerte de indulto por parte del entrenador.

De los uruguayos conozco a muy pocos, sus caras poco emparentadas al futbol internacional invitan a pensar que será un trámite, que todo será un trámite y la selección se desembarazará rápidamente de todo lo que carga desde hace un tiempo, la cara del “Coco” Basile muestra más arrugas que las que presentaba en sus últimas apariciones, en su rostro está la preocupación de ese bohemio que quiere darnos esa necesaria e impostergable alegría que tanto necesitamos, del otro lado está Tabares, su rostro pide clemencia futbolística aunque sabe que en el fútbol no la hay, internamente sabe que es la tarde que la “celeste y blanca” eligió para sepultar todo mal.

El Juez es Torres, pita, y se juega, mientras me termino de acomodar aparece Riquelme para meter un centro milimétrico, del mejor Román, la pelota va teledirigida a la cabeza de Messi y pone el uno a cero arriba, el equipo fue un huracán que encontró el segundo a través de un tiro de Cambiaso devuelto por el palo derecho del arquero Castillo y que el “Kun” cambió por gol mediante un tiro preciso, esa ráfaga parecía que solo dejaría tiempo para empezar a decorar el resultado y apostar por cuantos goles haría el equipo en la tarde, la selección sostuvo la iniciativa solo hasta los treinta, treinta y cinco, después de ello y sin generar lo necesario Uruguay encontró el descuento, Lugano fue el del grito que se destacó entre el silencio y los ecos de las escasas voces que acompañaban a los “charrúas”.

Hubo un segundo tiempo muy disputado, enérgico, intenso y con la vehemencia de un combate por el honor de un pueblo aunque solo se jugaba al fútbol. Torres “el Calvo” fue el cómplice, el que liberó la zona, el que permitió que las enormes diferencias técnicas y tácticas se emparejen casi en un misma línea, pero no le alcanzó, las piernas al borde de la segunda intención marcaron la pauta y poco mas, salio Riquelme y nadie lo silbó, ¿premio al esfuerzo, a la intensión?, quizás, Mascherano hizo un gran tarea acumulando juego, entrega, coraje y muchos golpes recibidos, Tevez volvio a demostrar que disfruta con la “celesta y blanca” sobre la piel y volvió a ser figura por sobre otras, bien por Ledesma que aprovechó los minutos con los que contó para estirar su momento en el “azul grana”, Agüero fue a todas como si se tratara de la última y Messi apenas fue una mala imitación de la estrella que brilla en Europa.

Para muchos sigue sin convencer mas alla del 2 a 1 definitivo, para mi tampoco, pero en épocas en las que a la selección todo pareciera costarle el doble el jugador volvió a demostrar que es más que ese millonario que “baja” desde Europa a hacer una obra de bien al ponerse la camiseta de la selección, demostró que tiene la vergüenza deportiva que lo dignifica y lo pone de pie ante todo obstáculo, demostró que es capaz de sacarse el esmoquin y jugar con todo el esfuerzo, la entrega y el sentimiento que son atributos que no forman parte del perfil del futbolista “europeizado”, para mi eso significa ponerse de pié, eso significa reconocer errores, significa bajarse del pedestal, de esta manera será mas fácil transitar este fútbol, un fútbol agreste, rustico y hasta violento, el futbol de las eliminatorias sudamericanas

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