11 nov. 2008

Lucas Eugenio Aramayo, "el chico cenicienta"


¿Si el fútbol tiene sorpresas?, si claro, a cada paso encontrarás algo que cautiva la atención, siempre hay margen para la sorpresa aún cuando parece que no lo hay, son estas las historias que siguen nutriendo a este deporte, las que lo tienen vivo y lo instalan en el terreno de la lucha ante el negocio, el marketing y la TV (la que todo lo puede), estas historias que quizás lleguen a leyenda son las que nos invitan a creer que el fútbol sigue siendo un juego en el que once jugadores “batallan” contra otros once y es mentira que un equipo ganó por que “tenía” que ganar o que aquel futbolista jugó por que su representante lo impone.

La historia de Lucas Eugenio Aramayo, "el chico cenicienta”, es válido ejemplo de que nunca se debe bajar los brazos, que el sueño no debe morir jamás, que el éxito está allí, esperando golpear la puerta de aquel que acumuló los méritos para que ese momento se haga realidad; Aramayo es el pibe de “La Perla del Oeste” (Liga Santafesina) que un día recibió el llamado del “profe” Moreira (PF de 9 de Julio), conocedor de la zona por ser de “ahí” y por haber acompañado durante mucho tiempo al “flaco” Tobaldo, un lindo personaje devenido en entrenador, fue el “profe” el del dato, “hay prueba de jugadores en el “9”, en Rafaela, ¿Por qué no vas?”, fue el momento, tocaron a su puerta, tomó su bolso en el que solo llevaba lo indispensable, la irrenunciable ilusión de jugar al fútbol, y allí fue, en busca de su oportunidad y de no desaprovecharla, se encontró con otro fútbol, con otra categoría otros exigencias pero sorteó todos los obstáculos necesarios para “quedar”, y fichó por “El León”.

En la carrera por un lugar largaba desde atrás, Troncoso era el número puesto y lo fue y a fuerza de trabajo Lucas se encontró su chance, su pontencia para encarar con pelota dominada y de frente al arco, su desgastante andar por el área y ese “que se yo” que afirmaba que un goleador se estaba forjando hicieron que no la desaproveche, marco cinco goles consecutivos con la camiseta del “9”, que es la de Walter Gómez, la del “Fredy” Fernández o por que no José María Córdoba.

Aramayo le permite al hincha reencontrar a ese hombre que lo lleve al grito sagrado después de mucho tiempo, sufrió las olvidables tardes de Rena y Besel como nadie y al estar algo cubiertos por el polvo del tiempo los goles de Samuel Ingaramo había que actualizar esas estadísticas y este “ilustre desconocido” lo consigue, le devuelve la ilusión a la gente de un club llamado a ir por lo máximo en el futbol siempre.

El fútbol, este fútbol colocará al Rubio delantero donde deba, el tiempo lo dirá, el tiempo emitirá la sentencia y sabremos si estamos en presencia de un atacante cuyo caso merece ser atendido como interesante o tan solo es una de las tantas estrellas fugaces de estos tiempos futboleros, está en él que el encanto se acabe o no, parece tener las condiciones necesarias para luchar y demostrar que llegó para quedarse, que puede radicarse en el corazón juliense y que sus goles seguirán viajando en ese carruaje que supo construir y que luce cada domingo, ese carruaje que promete jamás volver a ser una calabaza.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

excellent points and the details are more precise than elsewhere, thanks.

- Joe