26 ago. 2010

Miserables del tablón y la platea.


"lo vivido por Tuzzio después del culebrón con Ameli es muestra de ello, ¿alguien se acuerda del destrato para con el desaparecido Madorrán?"

Un argentino no concibe la vida sin fútbol, sin ese fútbol que es pasión o es negocio, es corrupción, o es éxito, un gol o la tan ansiada vuelta olímpica, ese futbol que está en la radio o en la tele o donde sea pero siempre noticia de tapa, a través de jóvenes bonitas o placas rojas y música de trompetas pero siempre noticia, porque se impone, porque es el deporte que todos queremos y al que todos hubiéramos querido jugar y dentro del cual triunfar, porque para el argentino exitista no existe nada mejor que el mas exitista de los deportes, el que separa ganadores de perdedores, primeros de segundos, un deporte con podios solo para vencedores y pareciera que para ir hacia ello todo camino es atajo, todo sirve, aún hiriendo y desgarrando los sentimientos y la vida de cualquiera, como la del pibito Buonanotte por ejemplo, al que un grupo de simpatizantes de Huracán (no solo barras) le gritaban durante un partido del fútbol argentino “asesino, asesino, asesino” en nefasta referencia a lo que vivió el chico en diciembre último, ¿Por qué? , porque es un deporte para machos, porque es un deporte para guapos, por que pareciera todo lo vale, lo vivido por Tuzzio después del culebrón con Ameli es muestra de ello, ¿alguien se acuerda del destrato para con el desaparecido Madorrán?, o Desábato diciéndole borracho a un rival tiempo después de decirle negro de mierda a otro, un horror, y esto lo dice alguien que vive el fútbol con la vehemencia de muchos de estos, pero que considera que los límites existen, o que al menos están para ser usados.

Me pregunto porque esos justicieros de la tribuna, los capaces de desnudar las infidelidades ajenas o tratar de asesino a alguien que desde un dolor desgarrador intenta estar de pie no piden por la salida de Grondona, o por la publicación de los movimientos financieros de los clubes, la aplicación debida del derecho de admisión o tantas otras cosas por la que pudieran manifestarse, pero claro, eso no influye en el resultado del partido , la idea es herir de muerte al que te puede hacer un gol o una gambeta que te pare frente al ridículo o ese caño que merece pena de muerte.

Presento una moción, basta de estadios y en su lugar, construyamos coliseos romanos, y que se digan y hagan de todo, que valga todo como ahora pero que aparezca en un reglamento mas flexible que el actual, aunque seguro que el rey godo Teodorico o hasta el propio Nerón se ruborizarían al escuchar las barbaridades que gritan algunos miserables que se escudan detrás de su rol de hincha de tablón o de su exclusivísima condición de plateístas, esa condición que los transforma en socialmente inimputables, ¿son socialmente inimputables?.


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