24 may. 2011

Un largo peregrinar para un final feliz.

allí había lugar para todos sin importar condición social o edad, esta fue la fiesta cremosa...
Las banderas se multiplicaban como los brazos en alto, como las camisetas reboleadas al viento, como los cánticos, como los abrazos entre desconocidos aunque socios en la pasión, como las lágrimas descolgándose en rostros jóvenes como los de aquellos que saben de un largo camino recorrido, las voces se multiplicaban como los latidos de cada corazón de campeón, o de equipo ascendido como algunos se empeñan en llamar, fue la fiesta cremosa, la fiesta de muchos más que unos cuantos muchos oriundos del selecto Barrio Alberdi, allí había lugar para todos sin importar condición social o edad, esta fue la fiesta cremosa, la de muchos hinchas festejando por la llegada de esa alegría que sepulta promociones perdidas y tardes y noches de enormes frustraciones.

Este ascenso es esa lluvia sagrada que al caer repara todas las heridas juntas, la de esos hinchas que cual peregrino va detrás de ese destino que aunque lejano se sabe sagrado e inimitable, y de tanto peregrinar y aceptar todo escollo a manera de prueba de ingreso o aptitud el paraíso se alcanza, es ese título que se logra y durará para todos los tiempos, empujando a la gente de una ciudad futbolera a volcarse a cada rincón de las calles para recibir a estos héroes ilesos de una de las más crueles batallas, la que se libra a cada paso en una competencia tan encarnizada, ascendió Rafaela, esa es la mejor forma de llamarlo, porque este domingo la gentes salió a las calles a recibir a sus campeones en lo que sin dudas ya es la más grande de todas las movilizaciones protagonizadas por hinchas de esta ciudad, de esta hermosa ciudad que ya se reinstaló en primera división .

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