24 jun. 2008

“Abracé a Fillol y a Tarantini, aunque yo no tenía brazos”

Yo soy aquél. Víctor Dell’Aquila fue protagonista de la foto de Ricardo Alfieri (padre), junto a Tarantini y Fillol.




Yo soy aquél. Víctor Dell’Aquila posa hoy, al lado de la foto de Ricardo Alfieri (padre), autografiada por su autor y enmarcada.
Víctor Dell’Aquila señala con la pera, levantando la cabeza en un movimiento leve. Muestra sus hazañas enmarcadas en la pared. “El fútbol fue mi tratamiento psicológico”, dice. A Víctor le faltan los dos brazos; así de brutal fue la vida. Es el protagonista de una imagen memorable del Mundial 78. El abrazo del alma, la foto que mañana cumple treinta años: Ubaldo Matildo Fillol y Alberto Tarantini, arrodillados, campeones del mundo, los dos abrazados. Y él, Víctor, con las mangas de su pulóver vacías: “Yo los abrazo, aunque no tenga brazos”.Ricardo Alfieri (padre), reportero de la revista El Gráfico, dejó la imagen para siempre minutos después de que la Argentina le ganara a Holanda. Víctor había perdido sus brazos a los doce años, en 1967: un cable de alta tensión se los fulminó mientras jugaba en las calles de San Francisco Solano. Estuvo varios días en coma hasta despertar. “Al año empecé a ir al fútbol”, dice Dell’Aquila, fanático de Boca. En su casa cuelgan fotos con todos. En un placard guarda camisetas antiquísimas, de todos los colores. Si Boca jugaba lejos, él necesitaba de fútbol de cualquier cancha: en un cuadro aparece en un festejo de River, en 1968. Esa foto, también obra de Alfieri, fue un presagio. “Yo le debo mi vida a mi familia, al de arriba, a mí mismo y a los jugadores”, dice.
–¿Cómo lograba entrar?–Por alambres rotos o porque conocía a gente del control o algún fotógrafo. En Boca miraba el partido desde el banco de suplentes, con el Toto Lorenzo. Una vez salté desde el palco viejo. Cuando terminaba el partido, pin y adentro. En Racing tenía dos metros de fosa pero me ayudaba la altura.
–¿Cómo saltó a la cancha en la final del Mundial?–Ese día no encontré a la persona con la que había arreglado e intenté ingresar como discapacitado, pero me dijeron que estaba lleno. Me fui a la platea que está sobre Figueroa Alcorta y un conocido me hizo entrar. Y ahí me fui bien abajo y me senté, entonces se me prendió la lamparita.
–¿A cuánto estaba del campo? –Tendría unos dos metros, algo más. Pero era pendejo, pesaba 50 kilos y tenía un buen estado. Cuando vi que el referí levantó la mano, pasé los pies, flexioné y ¡tac! caí paradito. Pero seguían jugando, habían adicionado minutos. Entonces caminé despacito y me puse al lado del palo de Fillol. Y cuando tocó pito el juez salí corriendo en busca de alguien a quien abrazar. En un momento, Tarantini se arrodilló como rezándole a Dios. Fillol hizo lo mismo y se abrazaron. Justo llegué yo. Me frené y las mangas se fueron para adelante. Y ahí Alfieri sacó la foto. Yo la tengo dedicada por él.
Casado, con dos hijos, Víctor dice que vive de “vender ilusiones”, eufemismo que esconde una actividad concreta, confesable. La falta de brazos la suplió con una técnica envidiable en la que combina la cabeza, los hombros y los pies: estudió dibujo, fue campeón de pool, maneja su auto y hasta hace unos años jugaba al fútbol todas las semanas. “Quiero ir a un Mundial, creo que lo merezco”, dice, y los ojos claros y tiernos se le humedecen. Es el sueño de un hombre al que nada le fue imposible.El recuerdo del arquero“Muchos la toman como la gran foto de los mundiales. Me han ofrecido plata para hacer la imagen de vuelta, para reconstruirla, y yo siempre me negué porque ése fue un momento único”, dice Ubaldo Fillol, uno de los protagonistas, junto con Alberto Tarantini, de la toma histórica en la que aparece Víctor Dell’Aquila.“Cuando terminó el partido se me aflojaron las piernas. Caí arrodillado y se me apareció la imagen de Dios. Tenía un diálogo con él de agradecimiento. Yo no había planificado nada de eso, me conecté con Dios, tenía su imagen delante de mí. Nunca me pasó en mi vida”, recuerda el ex arquero.“Cuando nos abrazamos con el Conejo, se acercó Víctor Dell’Aquila y se tiró encima nuestro. Y Ricardo Alfieri, que estaba detrás de mi arco, corrió con dos cámaras de fotos colgadas del cuello. Y sacó toda la secuencia, justo con la que era blanco y negro. Así inmortalizó ese momento, que es sublime”, dice el Pato.Fillol recuerda que vio la imagen al otro día, en la revista El Gráfico: “Cuando vi eso reflejado en El Gráfico, yo no sabía nada. Me acordaba del momento en que me conecté con Dios”. Hoy todavía guarda la secuencia de fotos.El abrazo del alma ganó un concurso como la mejor foto del Mundial 78. Fue la imagen del triunfo. Alfieri –de una trayectoria extensa en el periodismo deportivo al igual que su hijo, también llamado Ricardo– murió el 28 de julio de 1994.

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