25 jun. 2008

A treinta años de un título tan justo como doloroso


El seleccionado argentino de fútbol se consagraba campeón mundial tras ganarle, en el Monumental, a Holanda. Pero ese título nunca pudo, ni podrá, ser separado de lo que pasaba en la sociedad
Hace 30 años que la tarde fría y plomiza se convirtió en una noche de fiesta, la única que emitió luz en medio de siete años de oscuridad y decenas, cientos de miles de civiles salieron a la calle a festejar el primer título mundial de fútbol en la Argentina gobernada a sangre, tortura y muerte por una junta de militares. El dictador de entonces, Jorge Videla, purga ya octogenario la prisión por sustracción de identidad de bebés, muchos de ellos nacidos en cautiverio a unos cientos de metros del estadio Monumental y de cuyas manos los jugadores holandeses se habían juramentado no recibir la Copa en caso de ganarla. Pero cuántos argentinos que festejaron sanamente aquel logro sabían que en la ESMA, cercana al Monumental, había gente que moría, era torturada, subida a aviones desde donde se los lanzaba al mar o hacían parir a mujeres para entregar luego a sus hijos a familias conocidas de los represores. Cuánto se les endilgó a los futbolistas por haber jugado aquel Mundial, pero hasta los organismos de Derechos Humanos que organizaron La Otra final, quitaron toda sospecha a los jugadores, ya cincuentones y muchos de ellos alejados del fútbol, al invitarlos para este 30 aniversario de un fútbol con Memoria.Ellos compartirán el domingo la misma cancha de River con hijos de quienes fueron desaparecidos en aquellos tiempos y jóvenes en representación de las víctimas de la represión. Estarán Héctor Baley, Luis Galván, Jorge Olguín, Alberto Tarantini, Miguel Oviedo, Omar Larrosa, Daniel Valencia, Ricardo Villa, Oscar Ortiz, René Houseman y Leopoldo Luque, el mismo que con su gol contra Francia alivió a los argentinos para una clasificación segura a la segunda ronda. El que sin querer alivió a los militares. Es que ellos organizaron el Mundial para mostrar que los argentinos eran "derechos y humanos", pero terminaron sabiendo que había que ganarlo.Los militares no habían liberado a quienes no estaban presos ilegalmente en los centros clandestinos de detención para salir en multitudes a las calles y eso lo logró el Mundial.Tras treinta años de aquellos festejos por las patriadas de Mario Kempes y Daniel Bertoni frente al arco holandés, los futbolistas de entonces parecen que podrán quitarse la mochila de sospechas que le endilgaban.Durante treinta años insistieron con que no sabían lo que ocurría en los campos clandestinos y hasta defendieron a su entonces conductor, César Menotti, quien, dicen los futbolistas, quería "una alegría para la gente".

3 comentarios:

The gunner dijo...

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http://futbolanonimato.blogspot.com

The gunner dijo...

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trouroblaugrana dijo...

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