23 mar. 2009

"La Carina" no mentía…


Conservo fresco el recuerdo, que desde siendo muy pibe escuchaba a mi padre repetir algo que además oía en la radio a menudo, no eran tiempos de superpoblación de programas futboleros o pseudos futboleros como ahora, solo radio y con un mensaje equivalente a un mandamiento, por que se podía discutir cualquier tema en la esquina o en el bar, menos algún concepto entregado por “los tipos de la radio”, si te decían que tal o cual jugó bien, ¡jugó bien!, y si jugó mal es por que “¡No la tocó!, igualito que con tiempo, si te decían que llovía te tenías que llevar el piloto con un solo que rajaba la tierra, pero lo del fútbol no se veía como algo relativo, esa idea que expulsaba el parlante de “la Karina” era absoluta, hablaba de una afirmación, cercana a una sentencia, hablaba de que “lo más sano en el fútbol eran los jugadores”.

Ya se vislumbraba un panorama con representantes interviniendo lentamente en el accionar económico de los clubes, dejándolos inmóviles ante operaciones que los tenían como importantes protagonistas aunque condenados a recibir “lo que les tiren” casi a manera de limosna por la no menor tarea de formar a ese o a aquel pibe, ya se avizoraba una escena plagada de personajes no invitados a la mesa pero sentados a ella definiendo cuestiones, eran tiempos en los que la tendencia estaba claramente marcada, se venía un fútbol distinto, moría el “fútbol negocio” y nacía prontamente el “negocio con futbol” .

Siempre, siempre el jugador fue tomado como la victima, un rehén de este tipo de cuestiones, por que el jugador era lo mas sano de todo esto llamado fútbol, en un marco de sostenida debacle institucional de la que no escapa ni uno solo de los poderes que lo compone, cierto es que la debacle, este volantazo al deporte mas pasional arrastró aquello que repetía mi padre al mismo ritmo de la radio, y lo mas sano se infectó, con la aparición y rápidamente fuerte predominancia de códigos que hablan de pactos tácitamente implícitos, aquellos que resultan inviolables ante todo, con la firme idea de escapar a los controles del sistema con el consentimiento del sistema solo por aquello de “hecha la ley hecha la trampa”, el futbolista en la mayoría de los casos es rehén de nadie, o peor, de si mismo, de sus aspiraciones de jugar allí o quien sabe donde, pero lejos de donde debiera hacerlo seguro, Riquelme y el Topo Gigio para Macri y Pompilio con el solo objetivo de generar un clima que le permita subirse al primer barco que lo deje en Europa, la estafa en masa a Argentinos por parte de una serie de futbolistas que se declararon libres, sí, libres de compromisos con quien les dio un techo, sobran los ejemplos de conflictos generados para obtener réditos económicos y ahora…la moda que se impone, la de quitarle el apoyo al entrenador de turno para generar una renovación, Hrabina en Los Andes se fue por “diferencias” con el plantel, y algo parecido a Alfaro en Central, una movida similar consiguió que Riquelme saltase al vacío en la selección y Burruchaga no se habla con el plantel por que se lleva bien con Bertolo y con el ex Boca no existe “la mejor” en el grupo, a Astrada lo bajó el plantel o sus referentes en Estudiantes, y antes Gallardo eyectó a Merlo de River, a La Volpe quizás no lo ayudaron, y ¿a Llop?, ¿quién le sacó el banquito?, las sorprendentes oscilaciones que presenta un mismo equipo que hoy es un desastre y ante el cambio de entrenador se convierte en un vendaval de fútbol y goles y a ese ritmo sus hinchas hinchas lloran y rien, sufren y se alegran ante los estímulos del que maneja sus sentidos, vedetismo o cabaret de cuarta, llámelo como quiera, son modas, hoy la pelota está debajo del zapato del futbolista emblema del club o del habilidoso y afamado de turno, ya no del dirigente mas encumbrado ni mucho menos del entrenador, mandan ellos aunque su aporte no sea otra cosa que una colaboración efímera, sus contratos tienen las vías de escape necesarias para irse mañana mismo, o en este momento.

No escapa nadie, eso parece al menos, esto transcurre en una sociedad convulsionada, una sociedad donde fraguar algo es una virtud y alimento para el ego y en el fútbol fraguar un pasaporte equivale a un gran negocio que se concreta engañando al comprador de turno, esto pasa en una sociedad donde se impone la violencia en las calles, y es violencia en las tribunas con batallas que sirven de catarsis de la vida diaria y ofician de escenario en el que se disputan cuestiones de poder, esto pasa en una sociedad donde el oportunista hace la diferencia, y en el fútbol no solo se aprecia en el área, pasa en el vestuario y en un restó de Puerto Madero, la impaciencia es otro rasgo de nuestra sociedad, y se aprecia en juveniles con proyección que aunque no demasiado tangible mañana quieren emigrar, aunque si es posible hoy, mejor, nadie respeta nada en las calles, la palabra no existe y como en la vida misma hoy los contratos están hechos para incumplirlos.



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